De la imprenta al emprendedor 2.0

Uno de los acontecimientos más importantes de nuestra historia fue la introducción de la imprenta. Desde ese momento se popularizaron los escritos y mucha gente comenzó a tener acceso a fuentes de información que antes estaban reservadas para unos pocos ricos (dicho con toda la literalidad del término). Pero claro, dicho invento también tuvo una gran contrapartida social: diferenció a las personas en clases; los que sabían leer por un lado, y los analfabetos por otro. Digamos que fue un invento que permitió “hacer visible lo invisible” y dejar en evidencia a los menos preparados.

La pregunta que me hago hoy es la siguiente: ¿estaremos entrando en una situación similar varios siglos después? En este preciso momento en el que les estoy escribiendo, hay miles de personas de mucho talento por todo el mundo pensando en soluciones rutpuristas, en innovaciones, y de todas las que encuentren, unas pocas mañana serán realidad. Pero ese mismo día en el que se comercialicen las novedades, volverá a haber miles de personas investigando y buscando nuevos productos, con lo cual pasado mañana tendremos otro nuevo puñado de inventos a punto de salir; y así sucesivamente.

El conocimiento avanza mucho más rapido

Nadie duda que el conocimiento avanza mucho más rápido de lo que los seres humanos somos capaces de asimilar, y este desalineamiento de velocidades está forzando que sólo unos pocos puedan seguir el ritmo. Hay que tener mucha voluntad y un gran espíritu observador para poder “bailar al son de esta música”, y ni siquiera así está garantizado conseguirlo.

Volvamos a la vida práctica. De todas esas cosas que diariamente se proponen, algunas se mueren al poco tiempo y otras perviven y se integran en nuestro día a día, consiguiendo el mismo efecto que logró la imprenta en su momento: hacer aflorar los “analfabetos tecnológicos”. Quizá en las personas el asunto no sea dramático, pero… ¿y en las empresas?

La consecuencia más evidente en el mundo empresarial es que los ritmos de declive y desplazamiento de las organizaciones está tremendamente acelerado. Cualquier empresa que no sea capaz a integrar aquellas innovaciones críticas para su negocio, pasado mañana perderá los clientes en favor de otro competidor más joven que sepa ocupar ese “nicho de mercado” incipiente. Es una verdadera locura y asusta un poco, la verdad.

¿Qué podemos hacer entonces nosotros?

 

Necesitamos cambiar nuestros propios paradigmas y dejar de pensar en “empresas para toda la vida”. Debemos comprender que estamos rodeados de nuevas oportunidades de negocio derivadas de la infinitas posibilidades que nos ofrecen las nuevas tecnologías y la globalización, pero también tenemos que asumir que del mismo modo que afloran, se desvanecen. Un emprendedor 2.0 debe ser una persona dinámica, capaz de detectar a tiempo estas oportunidades, aprovecharlas, y saber deshacerse de ellas cuando llegue su declive. Ya sé que suena duro, pero… ¿se les ocurre otra cosa?

Las empresas forman parte de la sociedad (son una parte activa sumamente importante) y tienen que evolucionar a la velocidad que marca ella. Si la sociedad nos deja atrás, no podemos empeñarnos en seguir “a nuestro ritmo” contra los mercados y la contundencia de los hechos, empecinados en mantener un proyecto que ya está agotado.

En definitiva; al igual que la imprenta obligó a las personas a formarse intensamente para salir del grupo de los “analfabetos”, la sociedad 2.0 actual también obliga a un reciclaje intensivo y constante. Para mí, un emprendedor 2.0 es aquel que sabe mantenerse en este nivel, los únicos que entrarían en el grupo “post imprenta”. El resto, ya sabemos en donde van a acabar con toda probabilidad.

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