Periodismo ciudadano: reinventarse o morir

Hojear un periódico para estar al corriente de lo que sucede a todo el mundo leyendo los grandes cronistas y periodistas del momento ya no es tan habitual. En muchas ocasiones tenemos la costumbre de leer un periódico mientras tomamos el primer café del día. Seguramente, a no ser que leamos artículos de opinión, editoriales y demás, nos importa bien poco quien redacte la noticia. Si es de agencia, de un periodista en concreto, o de redacción parece ser que pasa desapercibido. Ni tan siquiera nos nos tomamos dos segundos para saber el nombre de quién nos proporciona la información.

La manera de informarnos ha cambiado, de hecho estamos en una fase transitoria en la que muchos no tienen nada claro cuál será el futuro de los periódicos.

En gran parte este dilema viene agarrado de la mano del 2.0. Allí la información es plural, todos informamos a la vez que todos recibimos dicha información. Se trata de un lugar donde todos podemos adoptar el rol de un periodista, en el sentido más básico de la palabra: dar a conocer algo. Para nada del mundo quiero comparar un profesional
de uno que no lo es, por el simple hecho de que el periodista tiene conocimientos de la disciplina y, por lo tanto, en principio tendría que saber redactar de forma clara, directa, sencilla y ordenando la información, entre otras muchas cosas.

Pero, ¿a alguien le importa que se nos comunique una noticia de manera puramente periodística? ¿Y si en lugar de “sujeto+verbo+predicado+complementos”, coloca antes un complemento de tiempo que el sujeto? ¿Tanto le va a importar al lector?

Bien pues, son muchos los que se aventuran a escribir un blog con sus aportaciones a la actualidad.  Comentan, aportan y son testimonios en primera persona de muchos hechos a los cuales asisten antes que un reportero. La facilidad para transmitir toda esta información vía smartphone o un portátil con wifi hace que todos seamos partícipes de la noticia.

Quienes se adaptan a esta nueva situación comunicacional ganan, quienes se aferran a seguir las enseñanzas de un periodismo puro hecho solo para periodistas pierden. Es así de fácil: renovarse o morir. Para los primeros, no hay nada mejor que el modelo crowdsourcing, una forma de aportar colaboraciones a un medio de comunicación. El periodismo ciudadano empieza a dejar huella en periódicos tan reconocidos como The Guardian, The New York Times o USA Today, que brindan la posibilidad a todos los usuarios para que participen en la publicación aportando sus artículos.

Ya no importa el quien redacte la noticia, sino la colaboración masiva, la rapidez y la interacción. Con ello disponemos de:

– Mayor cantidad de material para difundir
– Empatizar con la audiencia por ser un medio colaborativo donde el receptor puede ser también emisor
– Informar con más rapidez
– Abaratar costes
– Adaptarnos al nuevo paradigma comunicacional

Hoy en día, ser un medio reconocido no tiene porque ser un medio con unos periodistas de categoría, sino ser colaborativo y social. Esto no quiere decir que las informaciones se den sin contrastar o se den sin calidad alguna. No todo el mundo puede colaborar en un periódico, ya que una información banal no tiene porque ser difundida y un titular que no destaque lo más importante tampoco tendría que ser válido.

Los periódicos que decidan no adoptar el modelo crowdsourcing puede que se tengan que plantear si continuar con la línea más informativa del día a día o si, por el contrario, crear contenido más de profundidad, con amplias crónicas y reportajes que marquen un estilo concreto de editorial. Las noticias ya las podemos encontrar fácilmente por cualquier periódico online, actualizado al minuto, así que si los periódicos quieren sobrevivir tendrán que reinventar su fórmula y reinventarse. Si ellos no deciden, seguramente sus lectores sí.

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